Aún no sé para qué sirven las fajas

Y no me refiero a las que han imaginado los malpensados, sino a las que rodean los libros como si se tratasen del lazo para un regalo de Reyes: «La novela americana de la década», «Sabes que no deberías leerla; sabes que no debería gustarte», «Una inteligente novela repleta de imaginación», «100.000 ejemplares vendidos en una semana», «La obra más esperada del año», «Su mejor libro hasta la fecha», «Una combinación de Chéjov y Oliver Sacks»… Y ya en el summun de la incontinencia propagandística la que envuelve la reedición de Reencuentro de personajes, de la escritora mexicana Elena Garro: «Mujer de Octavio Paz, amante de Bioy Casares, inspiradora de García Márquez y admiradora de Borges». El revuelo causado en redes y medios de comunicación han llevado a la editorial Drácena a pedir perdón y a retirar la tira de papel del libro de una autora que pese a todas esas virtudes —y en el centenario de su nacimiento, el 11 de diciembre— sigue siendo una gran desconocida. Las fajas son el último eslabón de la edición de un libro, están hechas con la idea de atrapar a los compradores, en especial a aquéllos que no saben qué leer o desean hacer un regalo, y es lo primero que tiramos a la basura cuando nos sentamos a ver qué han escrito otros. O que usamos de marcapáginas. Lo mismo aparece una frase de un escritor alabando nuestra prosa —aunque no se haya acercado a ella—, que el número de ejemplares vendidos —distribuidos—, que opiniones superlativas sobre las bondades de su lectura —desgarradora, fenomenal, un antes y un después en la literatura, deslumbrante—. Un semáforo de colores que nos detiene ante un solo título entre cientos de novedades. Un reclamo que se ha hecho imprescindible para cualquier editorial que se precie, y que podrían ser intercambiables, «como los cromos», me ha dicho Montero. «Lo que no sé es como a nadie se le ha ocurrido empezar la colección, bajarse a la Plaza Nueva y buscar a otros coleccionistas para cambiar las que estén repetidas». Mi amigo ha hecho esta mañana una maldad: se ha pasado por una librería del centro y se ha dedicado a intercambiar las fajas de los libros de cara a la Navidad. «Y no te creas que se ha notado demasiado».