And the Nobel goes to…

He estado hablando con Montero sobre la concesión del premio Nobel de Literatura a Bob Dylan, por eso de buscar una opinión alejada del mundo editorial. Y mi amigo me ha mirado como diciéndome: pareces nuevo en esto, tío. «¿Bob Dylan? En fin… En casa usamos sus discos de posavasos».

Montero ha dado una calada a su cigarrillo y después ha dibujado un gesto de complicidad infantil.

«Me imagino a los editores y libreros tirándose de los pelos», ha dicho; «ellos que pensaban hacer el octubre con la publicación de las obras de algún escritor lituano o de Mozambique. Eso sí, las discrográficas se estarán frontando las manos. Y más cuando en noviembre sale un nuevo directo de Dylan. El otro día me pasé por el FNAC y ya tenían todos sus discos en las estanterías. Y apenas habían pasado dos horas desde que se conoció el fallo. O cocinó, que a estas alturas cualquiera sabe… Y las redes sociales eran la olla exprés. Trendic topic y eso. ¿Has leído a esos críticos de pacotilla enumerando a todos los escritores americanos que se merecían el premio? Ya ves; pero nadie puso un pero cuando el año pasado el Nobel lo ganó la bielorrusa esa, Svetlana Aleksiévich. Normal, si no sabían quién era. Los premios, y tú deberías saberlo mejor que nadie, dependen de intereses políticos —que se lo digan a Obama, premio Nobel de la paz, ¡por favor!—, estratégicos o de mercado. Y quién dice que éste no lo sea también. Además, pero si se lo dieron a Churchill y a Hemingway. ¿Los has leído?»

He negado con la cabeza.

«Y a Cela, amigo, el gran plagiador. El censor de Franco».

«Pero… ¿y lo de Dylan?», he insistido para centrar el rumbo de la conversación.

«No me gustan sus canciones; o mejor dicho, sólo cuando toca o canta con otros. Como con los Traveling Wilburys, ya sabes, George Harrison, Jeff Lynne, Roy Orbison, Tom Petty y el propio Dylan. Casi nada. Pero en solitario… No me van ni los trovadores ni los cantautores del metro… No sé si merece el Nobel, pero ha tenido que ser un chasco para quienes siempre parecen estar a las puertas del cielo. Me dijo un colega que le había dicho un amigo que conocía a uno de los conserjes de la Academia sueca que este año se lo iban a dar a Javier Marías». Montero ha sonreído. «Y yo le dije: ¿no será a Pérez-Reverte? Creo que no entendió el chiste. En fin…, ¿pero tanto te interesa el Nobel?»

«Me da un poco igual. Yo el único que me sé de memoria es el que le dieron a Paul Newman».