El analista de los analistas

Montero me ha dicho que lo tiene claro: va a hacerse analista. «Abres un periódico y los hay de todo tipo: políticos, económicos, culturales, laborales. Son como una plaga. Páginas y páginas de análisis absurdos. Y no te digo nada si enciendes la televisión: te encuentras a un montón de listos dando su opinión, con un móvil en la mano o con una tablet, contrastando noticias, leyendo las opiniones de otros, soltando una noticia aquí, y luego otra allá, porque cambian de cadena como de camisa. Y los ves a las nueve en Los Desayunos de La 1, a las doce en el programa ese de La Sexta, «Al rojo vivo», lo conoces, ¿no?, a las diez y media en un especial de Cuatro; y el sábado de nuevo en La Sexta. Algunos hasta hacen triplete en las autonómicas».

Montero ha pensado incluso en crear un canal de Youtube, por eso de captar la atención de los más jóvenes. Canal Montero, lo va a llamar: un par de minutos hablando de la actualidad política o económica. «Como Gabilondo, pero en plan bárbaro. Porque cuántas más barbaridades, mejor. No hay más que ver a Trump, o a la tipa esa del PP madrileño, que primero lanza la piedra y luego esconde la mano, o se retracta con la boquita pequeña. O ni siquiera eso. Total, es sólo cuestión de ganarse la vida. Y ya sabes el dicho: es mejor que hablen de uno aunque sea mal».

Ha decidido hacerse unas tarjetas en las que bajo su nombre vaya la palabra «analista», o «asesor», que de ésos también hay muchos. «Y creo que pagan mejor. Con la de asesores que tienen los políticos, que se reproducen como esporas. Unos y otros. Imagínatelo, amigo: el He-Man del universo de los analistas, pero sin el taparrabos ni los pectorales de piedra. Aunque… ahora que lo pienso, un analista en gayumbos sí que daría que hablar».